Valparaíso

Valparaíso no se nos abrió a las primeras de cambio. Se hizo de rogar, vistiéndose con una niebla pertinaz, pegajosa y de horizontes imposibles; con calles caóticas, cerros incontables, suciedad y desorden; con mil rostros aullantes, dientes muy blancos y camisones sucios, duchas de cemento; con óxido, orín y decadencia.