Odisea Austral – Día 12

(Villa Santa Lucía – Futaleufu)

Empezamos el viaje con una pesada chaqueta de prejuicios y tópicos que se van cayendo a medida que nos damos cuenta que reducir a personas y lugares a poco más que una sinopsis es olvidar que la misma complejidad que observamos en nuestro interior se encuentra también en los demás.

A la salida de Villa Lucía, camino de Futaleufu (pueblito de resonancias polinésicas), nos recoge un hombretón corpulento, de nariz aguileña en rostro indígena, que se encorva sobre el volante de su pequeño camión cisterna. Se dedica a recorrer la ruta entre Santa Lucía y Futaleufu limpiando los váteres químicos de los empleados de carretera, esto es: vacía la mierda acumulada, limpia con un producto químico de olor penetrante, y coloca papel higiénico (ese que los chilenos llaman confort). Nuestro anfitrión ha tenido muchos oficios: camarero, guía de pesca para europeos y yanquis pijos que vienen a Chile a por trucha y salmón, hasta soldado en el ejército. No habla de su vida privada, pero nos aclara que no solo importa el color de la piel, sino también el del pasaporte; habla de la dictadura y del tiempo en que, a cambio de un pedazo de costa desértica y rica (la Bolivia costera), Chile perdió la Patagonia a manos de los argentinos; también, de la conservación ambiental (Patagonia Verde) y del tesoro forestal que el país conserva en el sur… Con la chaqueta cargadita de prejuicios y tópicos, este hombre sería solo el que le limpia la mierda a otros.

Tras una ruta deliciosa entre montañas picudas y lagos y ríos color turquesa, nos deja en medio de Futaleufu, deseándonos suerte. Tratamos de buscar a Daniela, la chilena volada que conocimos en Puerto Tranquilo, y que nos ofreció su casa, pero tras insuperables dificultades técnicas, terminamos en el polvoriento camino al Mirador del Águila, mientras el día muda del azul al gris. Y terminamos en un camping en mitad de Futaleufu, bebiendo cerveza y cocinando lentejas, mientras dos casi adolescentes chilenas fumadas repitan sin cesar Bueeeeena, Bueeeeena.

Viene de Odisea Austral – Día 11.

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