Odisea Austral – Días 8 y 9

(Coyhaique)

Un amanecer vestido de ruidos tranquilos: una cisterna, el agua hirviendo en una tetera, la tos matutina de un fumador, el barullo de un coche tuneado en la calle.

Coyhaique es un descanso: para lavar ropa tan sucia que podría echarse a andar sola; es entretenerse en la pereza, en la invención de textos más o menos afortunados, en la revisión de fotografías, hasta en comprarse un librito en una librería pequeña y añorar la cotidianidad perdida, tardes de nieve mirando caer la nieve mansamente sobre las calles; recordar los veranos del Chavo del 8, gozar una ducha verdaderamente caliente, escuchar las bellas y tristes canciones que una minoría mapuche canta en las calles, en su titánica lucha contra el tiempo (“intentaron enterrarnos sin saber que éramos semilla”); en encontrar la Libertad en el paso fugaz de las páginas; en profundizar proactivamente en los conflictos y mirar ropa en las tiendas y sentirse ajeno a ese consumismo; en escribir poemas, en cocinar y hacer el amor, en vagar y en dormir.

Coyhaique es un descanso: exhalar con fuerza tras haber contenido la respiración largo tiempo.

Viene de Odisea Austral – Día 7.

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