Torres del Paine (día 2)

(hacia el Mirador Inglés)

Paula intentando adelantarme despeñándose por un atajo es casi la primera (vertiginosa) imagen de un día que amanece taciturno, gris. Vamos camino del campamento francés, vía de acceso al Mirador Inglés, nos pesa la mochila sobre la espalda, y en un silencio entrecortado, divago entre montañas, lagos y cisnes cuellinegros, me pregunto sobre qué se esconde bajo los hielos de la Antártida, un recurrente pensamiento mórbido. Repiquetea la lluvia, pronto, y bajo su caída, inspiran y expiran los torrentes de agua, como la respiración de la tierra. Sobre nuestras cabezas, la nieve motea las montañas, ocultas bajo una densa niebla, que también cubre el Mirador Inglés y vuelve absurda nuestra intención de subir a él. Terminamos instalándonos en el camping, y miramos la lluvia, cada vez más densa y pertinaz. Dentro de la tienda, nos dormimos. A media tarde, bajo al baño y ayudo a un chico chileno a entenderse con un británico, y luego el chileno me invita a vino con sus amigos, que trabajan en el equipo de mantenimiento del parque y están de permiso. Lo que sigue, al resguardo de la lluvia bajo el parapeto de la paupérrima zona común del camping, son casi cinco horas de conversación que va tocando todos los palos: el Chile actual y los parques y reservas nacionales, la flora y la fauna, la mítica ruta austral, la todavía más mítica isla de Chiloé (que un día pudo llamarse Nueva Galicia), los incendios y las catedrales de mármol, la conservación del entorno, también de literatura y poesía y libros y robo de libros (El botón de Nácar, Menéndez, Rey de la Patagonia, Poemas Fúnebres, Tengo miedo torero, etc), hablamos de acentos y modismos, de la lengua, de indígenas masacrados y la doble cara de los pioneros y exploradores de estas tierras (y de todas), del genocidio y el patrimonio a devolver, de enfermedades y un pajarito pequeño y picudo equivalente al kiwi. Para cuando nos retiramos a dormir, una penumbra se ha abatido sobre el camping, ya somos todos hermanos.

 

Viene de aquí.

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